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lunes, 5 de julio de 2010

Crónicas: Ese o esa que nos ca...

¿Nunca les ha pasado que van a un lugar y de repente hay una persona que enseguida no les simpatiza?

Viejo, doña, niño, puberta o lo que fuese, siempre existe cerca de nosotros ese ente humano que no podemos tolerar cuando vamos a hacer la "cola" en un banco, en el transporte público o simplemente cuando se anda en la calle.

Esto lo preguntaba porque el otro día me topé con un señor que durante todo el camino no paraba de hablar y decir estupideceses. Su plática era tan divertida como un dolor de muelas.
El individuo hablaba por celular en el momento que nadie debe hacerlo, le sacaba plática a la persona que estaba a su lado, quien mostraba un interés escaso de lo que decía el señor cacatúa. A quien no podía evitar escucharlo y yo necesitaba unos micrófonos para tratar de no escucharlo.

Puede ser por vibra, molestia o que sé yo. Dicen que las cosas que más nos molestan de las personas son las que más nos molestan de nosotros mismos. Así como Don cacatúa hay miles de personas por ahí, en el trabajo, familia que nos tiente a ponerle un bozal en la boca, borrar su presencia o simplemente, evitarlo.

miércoles, 28 de abril de 2010

Crónicas: Música que te gusta vs. Música de tus papás

Durante mucho tiempo, me costó trabajo entender los gustos musicales de mis padres. En varias ocasiones en este blog he mencionado la enorme diferencia que existe entre ellos y yo. ¿A cuántos no les ha pasado lo mismo? mientras a muchas personas con las que he platicado manifiestan la similitud de gustos con sus padres, en mi pasa algo distinto. Casi siempre han escuchado música que no me gusta, aunque realmente, siempre me ha costado trabajo encontrar gente que escuche las mismas agrupaciones que yo.


Me acuerdo que cuando era pequeño y andaba en el coche con mi familia, tenía que chutarme las canciones religiosas a las que eran adeptos mis padres en esa época. A partir de ahí, desarollé la sana costumbre de cambiarle la letra a las canciones que no eran de mi agrado como una manera de "aguantarlas" o taparme los oídos. Entonces mis preferencias ya se volcaban hacia el rock, género que mis vástagos han menospreciado toda la vida. La diferencia radica en que mis padres, quienes crecieron entre los sesenta y setenta, estuvieron expuestos a otros estilos musicales. Aquellas épocas de represión y después del festival de Avándaro, llenaron las radios mexicanas de baladistas románticos latinoamericanos, solistas y demás cantantes hispanoamericanos que me da pereza mencionar.

viernes, 26 de marzo de 2010

Crónicas: El aceite de mosca

Abrí el lugar donde guardo los productos de limpieza y checando que es lo que había, me topé con un líquido poco común, extravagante y extraño desde el nombre: el aceite de "mosca". El dichoso jarabe lo había comprado mi mamá cuando apenas era un puberto. En esos años, dos de mis amigos y yo soñábamos con tener más vello en la cara y lo único que se nos ocurría era el misterioso jarabe. De alguna manera, mi mamá lo adquirió en una farmacia y un día me dijo: "Mira lo que te traje", y era el aceite de "mosca". Inmediatamente fui a probarlo, para presumirle a Suárez y Ariel que podía funcionar.


El compuesto fue un fracaso total. El líquido es más grasoso que un boleador de zapatos; mi barba sólo fue desarollándose con el paso del tiempo y a través de rasuradas periódicas (soy casi lampiño).


Hoy lo encontré. A lo mejor me lo vuelvo a poner. Un familiar cercano y de confianza dijo que el lubricante mosquiento le hizo crecer el cabello.









martes, 1 de diciembre de 2009

La Tienda de don Bermúdez en la esquina de Santiago

De repente, uno de esos días que andaba por el centro, pasé por la famosa Tienda de Don Bermúdez y quedé espantado. Nunca me aferré a ninguna escuela, pero mis hermanos y yo siempre conocimos ese famoso lugar, base estudiantil de los que estudiamos por esa parte de la ciudad. El nombre de la tienda obviamente se llamaba “Bermúdez”.
Vi el sitio y estaba abandonado. No había nada de lo que antes estuvo. El lugar carecía del anuncio de General Popo que por años estuvo ahí, así como del auto que supuestamente era del vetusto señor. Cuántas historias pasaron en los muros de ese local. Las paredes, con la pintura cayéndose, estuvieron atestadas de curiosas dedicatorias al 10 de mayo, al día del padre, hasta unos dirigidos a la familia de muchos desconocidos. En esta ocasión, por primera vez desde la Revolución Mexicana, el changarro estaba limpio y pintado.
Cuánta nostalgia. Era interesante ir. Con sus futbolitos oxidados (se rumora que no los habían cambiado desde la Guerra de las Malvinas entre Inglaterra y Argentina), ni signos de sus planillas plagadas de polvo.
Ahí estuve para “hacer bola” cuando estaban a punto de partírsela a un amigo. En ese lugar fumé mi primer cigarrillo. Me reencontré con viejos amigos. Ahí me volví casi invencible en el futbolito (los reto), sin que nadie pudiera vulnerar la portería que defendía.
Generaciones de chavos y chavas, niños y pulgas, mamás yucas, vagos y huiras se reunían ahí para matar el tiempo.
No había rastros de Don Bermúdez. Ese viejo malencarado que te vendía cigarros cuando todavía eras un menor de edad, aún cuando ya existía una ley muy estricta al respecto. Que a regañadientes te daba el cerillo para que fumaras tu tabaco. El único que por esos rumbos desde las 6 de la mañana te vendía una planilla, cartulina o cualquier útil escolar que necesitaras con urgencia. El que te vendía jugos y aguas frizzy (que por cierto, sabían a metal). El que tenía bancas de madera más viejas que La Constitución Mexicana. Del que alguna vez escuché críticas por parte de Doña Mercy, la señora que a unos metros tenía su negocio, era su competencia y que nunca lo soportó.
¿Qué habrá sido de Don Bermúdez? No lo sé. Lo cierto es que su tienda fue la neta.

martes, 24 de noviembre de 2009

Crónicas: ¡Ponte desodorante!

Ayer acompañé a un familiar a los bancos para realizar diversos trámites. Cuando andabamos por el último, me enfilé en la "cola" del mismo y enseguida me llamó la atención un olor evidentemente desagradable: el de una persona sin desodorante.
El tufazo de las axilas era evidente. Voltié a ver a mi alrededor y varias personas se aguantaban la respiración. La peste era tan grande, que mientras unos se aguantaban la respiración, los otros, exhalaban. Lo más claro es que nadie en la fila podía aguntar la pestilencia a la que eran sometidos.
De repente, mi ojos pararon sobre un individuo dos filas adelante de la mía. El sujeto era un tipo gordo, realmente obeso. Alto y que lo delataba su fodonguería. El chavo, que vestía playera, shorts y chanclas; parecía no haberse bañado desde la muerte del papa y las uñas de sus pies, aparentemente no estaban cortadas desde el pasado mundial de Alemania 2006.
Se veía, sentía y olía. El tufo estaba presente. Sin mucho por hacer, me concentré en el video de conciertos de Madonna que transmitían en la tele del banco en ese momento, mientras mis fosas nasales realizaban un esfuerzo casi sobrehumano para aguantar el "perfume" que emanaba de la marmota gigante cerca de mí.
Inesperadamente, el señor que estaba delante de mí, se volteó hacia donde yo estaba y murmuró en tono de queja un singular "put....ma...".
Mi reacción fue de risa loca, paliando un poco los daños que mis nariz sufría a causa del oloroso gorila que seguía ahí como si nada. El suplicio terminó cuando mi familiar me hizo una señal, fue hasta donde yo estaba y le dejé el lugar (yo sólo se lo estaba ocupando).
Después de salir de la institución bancaria,le pregunté si había tenido que aguantar la peste. A lo que me respondió : ¿cuál peste?

Como dato curioso, aquí en Yucatán, a las personas que les "ruge" la axila se les dice: "Niño, te huele el xic". En fin, qué cosas...

sábado, 19 de septiembre de 2009

Crónicas: Gente despreocupada

El otro día, mientras estaba en el transporte público, vi a una pareja de un hombre y una mujer, ambos jóvenes. Los individuos estaban sentados y a la derecha de ellos estaba un niño. Al infante le calculo unos 3 o 4 años de edad, 5 cuando mucho. Al momento que el transporte avanzaba, el chavito tenía casi medio cuerpo en la ventana. En ese instante, los papás (si es que eran ellos), estaban todos despreocupados. Se notaba a leguas que el pequeñín guardaba algún parentesco con la mujer. Del hombre no lo sé. Mientras la "parejita" hablaba largo y tendido, el "nené" (así se le dice a los niños de esa edad en Yucatán), estaba con el peligro que algún otro trasporte, moto o carro particular pusiera en riesgo su integridad física. Por el momento, yo miraba boquiabierto como los dos monos que se abrazaban como pubertos, platicando sobre sus anécdotas de fiestas, farras o que sé yo, idas a cantina.
Tan enamorados que se veían al fin y al cabo. Posiblemente yo sea un exagerado y paranoico, pero lo despreocupados a esos dos adultos no se los quita nadie. La responsabilidad era de ellos, sino se cuidan, ¿para qué se tienen hijos?
Tal vez por eso, no tengo vástagos. A partir de este suceso, he repensado mi idea de cómo es un mexicano. He ideado una teoría del "sueño mexicano" que tal vez responda al post anterior, donde decía que no entendía el hecho de ser nacido en tierra azteca. No faltarán los cursis, mamilas y molestos que si leyeran, se me echarían encima con toda clase de objetivos poco pensados e híper patrióticos. Guácala.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Mérida, ¿Sucursal del infierno?

Normalmente pienso en escribir aquí cualquier amargadez. He utilizado este blog como un "punching bag", donde suelo golpear y expresar aquellas cosas que no entiendo, comprendo o que me molestan. Siempre he intentado que no sea así. Pero ni modo, creo que dejaré de preocupar por ello.


Si usted vive en cualquier otra parte del mundo que no sea Mérida, Yucatán, tal vez use su ropa de frío de vez en cuando. Tiene en su guardarropa cierta ropa asignada a ese tipo de clima. Dichoso.


Usted no sabe lo que es vivir en Mérida, o como algunos la llaman, la antigua "Tho" o "Puebloquieto". De la misma forma que otros sitios, tiene aspectos criticables y asuntos que dejan mucho que desear. Me referiré a uno: el clima.

El clima en la Mérida mexicana es curioso. Supuestamente hay cuatro estaciones: Invierno, otoño, primavera y verano. Sin embargo, lo más gracioso (¿y peligroso?) de todo es el calor.

El calor en este lugar no es el mismo que en el resto del mundo. Es un calor sofocante, impresionante, uno termina derritiéndose. Sus habitantes dicen que "hay calor"(expresión mal dicha, por cierto) y no quieren salir en mayo (mes en el que más se resiente). En las tardes, los meridanos solían sacar sus sillas en las banquetas de sus casas a tomar el "fresco", para no sentir el calor en sus cuerpos y practicar el deporte favorito de los yucas: el chisme.

A pesar de tomar medidas, parece que SIEMPRE está el mismo clima. Uno termina de bañarse, salir de la regadora y parece que se rostiza. Empieza a sofocarse y sudar. He llegado a pensar que hasta en invierno hay calor. Para un poblador meridano, el frío es a partir de los 24 grados. Cuando el termómetro marca esa temperatura, el nacido en Yucatán saca su suéter o algo con qué taparse. Lo raro es que haya frío. El no poseer aire acondicionado, o de perdida un ventilador, es algo suicida. Mérida es una ciudad donde el termómetro marca 27 grados, pero se siente como de 40. Dicen que deberían construirse más árboles para contrarrestar este efecto. Que plantar arbolitos rebotaría los rayos del sol y evitaría las consecuencias caloríficas.

Otra aspecto suicida es usar doble playera o camisa en época de calor. Desde niño, me decían que usara la famosa "camiseta sport", que me dejé de poner precisamente por el calor. No sé cómo es que muchos adultos y señores la utilizan. Uno, joven y delgado, se muere de calor y empieza a sudar utilizando solamente una playera.

Desde pequeños se nos enseñó a muchos que el infierno está lleno de calor. El clásico diablo con cola, de color rojo, con una pata de cabra y en la otra, si mal no recuerdo, de pollo. Tal vez el esté cerca de Mérida, Yucatán. Este lugar virtualmente, es una filial del infierno, al menos en cuanto al clima se refiere.

viernes, 14 de agosto de 2009

Crónicas: El día que México goleó a Estados Unidos en la Copa de Oro 2009

El miércoles, durante dos horas, México se paralizó. Se olvidó por un momento de la crisis económica. De la delincuencia, del odio y malinchismo que son el pan de cada día en el país, para volcarse en la selección mexicana de fútbol.
Bares, restaurantes, changarros, fonditas y cocinas de todo el país se llenaron de comensales dispuestos a tomar cerveza y tragar comida mientras veían el partido México vs. Estados Unidos. Todos observaban absortos el partido, babeaban por el circo, ese del fútbol.
Todo el país se volcó al juego de eliminatoria. Al final , el Tricolor ganó. Los gringos perdieron.
Una simple victoria para un país pobre. Golpeado, lastimado, conformista, de pésimos gobernantes, de mala música y de injusticias. Un triunfo sencillo a un país ávido de héroes, que busca idolatrar al próximo becerro de oro. Muchos a celebrar, al ángel de la independencia en el distrito federal. En Mérida, al monumento a la patria, y así sucesivamente en los principales monumentos en todo el país ¿y el trabajo? bien gracias para muchos. Esto es México.

!Viva Aguirre! !Viva Cuau! !Vivaaa Sabah! !Vivaaaa! Que importa aguantar al insoportable de Nery. Que a lo mejor los jugadores se contagiaron de influenza. "Márquez, lárgate" dijeron algunos. !Viva México ca.....!

Sólo en este país suceden estas cosas. Al día siguiente, de regreso a la aplastante realidad. Trabajar para comer, pagar esto y lo otro. Me sentí mal, casi deprimido. Horrible y feo.
Todo ante la euforia de un partido que los aztecas se agenciaron, pero que nos ofrece un cuarto lugar que no da el mundial (aunque muchos exageren y festejen como si ya hubiera calificado). Tanta alaraca por una simple victoria. Y eso que a mí no me espera una Belinda en casa.

!A qué le tiras cuando sueñas mexicano!

jueves, 6 de agosto de 2009

Un día tranquilo

Hoy ha sido un día bastante amable. No sé si soy yo el que se sorprende o que todo a mi alrededor ha cambiado. Si me levanté con el pie derecho o es algo más. Al fin y al cabo, desde que en la mañana me preparé y realicé una serie de actividades. Voy a comprar algo y resulta que recibo gratas atenciones. Todos atentos. Me dirijo a una tienda departamental y pasa lo mismo. Creo que ya me había desacostumbrado a tener días así. Es una situación cómoda, pero a la vez extraña e inexplicable.

martes, 21 de julio de 2009

Crónicas: Trámites

Si usted vive en México, no está exento de vivir haciendo trámites. Los mexicanos hacen trámites y colas para todo. El super, el pago de luz,agua, gas, teléfono, las colegiaturas, licencia de manejo, atención médica, etc.


Recordaba esto, ya que el lunes acompañé a mi mamá a uno de esos sitios."Ocúpame un lugar", me decía mientras trababa de esquivar a las demás personas. Aunque el trámite fue rápido y no tuve queja alguna, extrañaba no tener un buen libro a mi alcance en esos aburridos momentos donde siempre hay que esperar por una u otra razón.


Nasie está exento de este tipo de situaciones. El otro día, un amigo me comentaba que varias días ha llegado temprano sin poder hacer un canje de placas con éxito. Puede ser que suene amargoso (aunque eso parece que sucede en casi todos los post que escribo) que en México es impresionante la burocracia y la ineptitud con que se manejan muchos de los servicios que podrían ser rápidos. De la misma forma, muchas personas que trabajan en la burocracia creen serlo todo con el poder de su firma, sello o algún papel y en vez de facilitarte todo, terminan complicándotelo.

¿Qué hace la autoridad para evitar tantos papeleos y vueltas? aparte de los supuestamente útiles buzones de sugerencias, hace como un año, las autoridades federales emitieron una convocatoria para que los ciudadanos enviaran su propuesto de cuál era el trámite más inútil. En un país donde todo se arregla con una "lanita" y donde la corrupción está en la indosincrasia de los mexicanos, cierta área gubernamental ofrecía 300 mil pesos a quien ganara el primer lugar denunciando el trámite más engorroso, molesto y tonto. Finalmente la triunfadora resultó ser una señora que tuvo problemas para obtener medicamentos especiales en el IMSS. El mismo concurso ha recibido críticas por parte de un jefe delegacional y de la revista emeequis, calificándolo de un concurso inútil, que a final de cuentas, no agilizará muchos de los trámites que a final de cuentas, si son hartantes y dejan a uno como ciudadano, impaciente.

lunes, 22 de junio de 2009

No tengo idea que haré con mi voto

Aunque de vez en cuando me da por leer algo, nunca suelo hablar de política. Últimamente sólo escribo de fútbol. No sé por qué. De hecho, he pensado en hacer otro blog, donde sólo escriba mis opiniones sobre balompié. Sería bueno no saturar este espacio de soccer para los que detestan el deporte, me leyeran. Tal vez sí. Tal vez no.

A principios de Julio, la mayoría de los jóvenes está desesperante por salir de vacaciones. Unos quieren ir a la playa. Otros terminar con sus clases. Y unos cuantos (cada vez en menor número) quieren irse a votar.

Para mí, esas fechas es recordar el cumpleaños de mi padre. Fuera de ahí, hasta que alguien me recuerda a cada rato, es época de elecciones. A diferencia de muchas personas, en estos tiempos, yo no sé qué hacer con mi voto.

Les pregunto, ¿qué harán ustedes con su voto? ¿tirarlo a la basura? ¿pintar una "puerqueza" encima de él? ¿dejarlo en blanco? ¿Elegir a una de las "opciones" que nos ofrecen individuos de moral dudosa y derrochamiento monetario completamente cuestionable?

Para algunas cosas, no lo niego, suelo ser una persona muy dudosa. A varias personas que les he preguntado, ya saben qué hacer con su boleta. Las decisiones van desde anularlo, no ir a votar o hacerlo por el menos peor. Ellos cuando menos saben. Yo no.

No sé si debería de importarme. Pero lo es, porque lo menciono en este blog. Nunca me había sentido de esta forma en momento de elecciones. Yo ni enfermo votaría por alguno de esos candidatos doblemoralinos, pero tampoco me abstendría o anularía. No siento que sirva para algo, no estoy convencido. Estoy resignado a creer que eso no cambiará a la clase política de este país. Que la corrupción, la ignorancia, la cegación a la realidad por parte de los mexicanos y sobretodo, de los políticos no cambiará estoy resignado, lamentado, triste...que no tengo la más remota idea (de lo que voy a hacer con mi boleta).

lunes, 1 de junio de 2009

¿Hay qué darle dinero a la gente que pide caridad?

"Una caridá...una caridá...", es una de las expresiones más recurrentes que uno suele escuchar en los centros urbanos de las ciudades. Así, podemos observar a personas con capacidades diferentes, señoras con hijos y personal de numerosas sectas, andan en la calle pidiendo lo que se conoce como "caridad". Al igual que los clásicos teporochos que pululan por doquier, mi animadversión por estos individuos ha ido creciendo con el paso de los años. Se me podría acusar de amargado, de "mala gente" por no querer otorgarle dinero a los más "necesitados". Sin embargo, yo ayudo a las personas cuando realmente quiero ayudarlas, no necesito regalarle unas monedas a un desconocido para sentirme bien.


Mencionaba lo anterior porque apenas ayer recordaba lo que me pasó hace algunos meses. Estaba terminando de almorzar en mi consabido hogar cuando sonó el timbre. No era el cartero. Tampoco algún vendedor. Era el clásico fulano que promocionaba el albergue del "Prefecto Prepucio" (no era el verdadero nombre, es un decir). El tipo empezó a echar su rollo de superación de Drogas y decir que mucha gente se había rehabilitado en aquel sitio. Para no hacer el cuento largo, me pidió su colaboración para comprar chocolates que él vende para el sostenimiento del albergue. Yo, sin ganas de ir a buscar el dinero y sí con ánimos de terminar mi comida, le dije de la manera más interesada posible que me diera un folleto o algo para que los ayudara en alguna ocasión.


Entonces, el rehabilitado (aunque no del cerebro), me dijo enfurecidamente:


-¿Ayudar de qué?-



Respondí:



-En...



Sin dejarme terminar, el individuo volvió a proferir:



-¿Ayudar de qué?


Inmediatamente preferí no decir palabra alguna, a riesgo de iniciar discutiendo con el enviado del albergue prepuciano. Desde entonces, reafirmé mi pensamiento de no otorgar "caridad".

lunes, 11 de mayo de 2009

El descenso del Necaxa en el Clausura 2009

Escribo esto muy triste. Molesto y dañado en lo más hondo de mi futbolístico ser. Necaxa está en primera "A".

Lo que es peor, está ahí justamente. Temporadas mediocres en los últimos 5 años convirtieron al antes conocido como "campeonísimo de los once hermanos" en el "descendido de los tres hermanos" (por pertenecer al mismo dueño que San Luis y América).

Muchos, con el afán de consolarme, dicen "al menos ya los podrás verlos en los partidos de Venados de Yucatán". Eso me vale. Además, siempre tengo ocupados los sábados en la tarde, cuando juegan los Venados en casa.

Repito, me duele. Todavía conservo aquella foto con la camiseta que decía "Campeón 1994-1995". Otras playeras, hoy estarán imposibles de vender por internet. ¿Quién las compraría?
También la vez que derramé jugo de bolsa por la emoción por alcanzar ese campeonato ante el durísmo Atlético Celaya. O aquellas tardes del Mundial de Clubes...

¡Aguante rojiblanca! Era una de las frases que repetí a lo largo de estos años. Que me parta un rayo si vuelve a Primera un equipo tan mediocre. Los supuestos "refuerzos" (auténticos bultos prescindibles) Eduardo Coudet, Carlos Pavón (que jamás jugó como lo hace con la selección de Honduras), Oscar Rojas y otros, se murieron de "nada" como dicen algunos analistas. Ellos convirtieron al Necaxa en lo que el propio Arias siempre criticó del tricolor " es una pachanga". No se vale. Con tanto manoseo ¿Qué equipo se salva del descenso? ¿Cómo esperaban ayudar a un rayo herido trayendo jugadores del equipo con peores números el año pasado? !Hay que usar la lógica de vez en cuando!


Hoy a diferencia de lo que decía Carlos Albert en Milenio, no sé si me siento más necaxista que siempre, en un equipo donde irle durante el último lustro, era un "rosario" de derrotas, un auténtico masoquismo jornada tras jornada. Pero seguía firme. Ha sido una de las pocas constantes de mi aburrida vida, puesto que soy fan del equipo desde que tenía como 7 u 8 años. En esos momentos, Necaxa nunca había sido campeón. Ni siquiera superlíder. Hoy, añísimos después, en algo sí coincido con Albert, yo igual me siento muy triste y enca....
Tampoco estoy de acuerdo con esas voces hípócritas que dicen que Necaxa no tenía aficionados. O si los tenía, eran apenas superiores en cuanto a cantidad a los Tecos (el equipo con menos aficionados de todo el fútbol mexicano). Para bien o para mal, pocos equipos pueden jactarse de tener tantos famosos que han manifestado públicamente su preferencia. El propio Carlos Albert, Jorge Ortiz de Pinedo, el ex presidente Ernesto Zedillo, el escritor Juan Villoro, el ex jugador Ricardo Peláez...¿realmente eran tan pocos?
Dirán que soy amargado, pero no puedo contenerme el coraje. Ahora resulta que todo el mundo adoraba al Necaxa, casi todos los analistas se empalagan en mencionar al "equipo de los 90", que hasta daba gusto verlos jugar. Nada más falaz y oportunista en este momento. Me dan mas asco que pertenecer al mismo corporativo que el América. Una salida muy fácil sería cambiar de equipo, mudarme a otros colores. Pero no sería lo mismo.

¿Adiós querido Necaxa?

jueves, 30 de abril de 2009

Crónicas: En la calle

Estaba el domingo enfilándome para irme a mi hogar cuando se acercó un señor y me preguntó:

-Oye, disculpe joven, ¿tu eres .....?

Entonces, no le hice caso y apresuré mi camino. El ruco, que aparentaba entre los 55 y 60 años, no desistió en en su afán por acercarse a mi. Luego de una cuadra y de soportar su palabrería inútil, me dijo :

-Oye, perdón que te moleste, dame $ 10 pesos.

Yo, desconfiado de los extraños y aún más de la gente que tiende a pedir dinero nomás porque sí, le dije al señor que no tenía dinero, nada de cambio. Todavía seguía insistiendo el señor (por cierto, con delatable tufo alcohólico), hasta que le dirigí una mirada molesta y volví a repetir que no tenía cambio. El vejete se disculpaba:

-a perdón, perdón joven y fue a molestar a unos turistas.

martes, 14 de abril de 2009

Crónicas: Bailables

Me acuerdo que desde chavito no le agarré el gusto al baile. Principalmente por esa extirpadora del conocimiento y destructora de la inteligencia que es la escuela.
Clásico es que muchos tuvimos que aparecer en esos bailables de hueva y de los cuales en el futuro, uno termina apenándose de grande. Incongruentemente, siempre salía en los bailables que la escuela organizaba en determinada época del año: carnaval, navidad, septiembre, 20 de noviembre, etc donde uno aparece casi llevado a rastras o por aprobar la calificación de la materia de "artísticas" y pasar de año. Sin embargo, otro aspecto contradictorio de este tema es que de muy pequeño siempre bailaba en las fiestas. Cabe aclarar que no me gustaba la música prefabricada que la mayoría bailaba sino curiosamente disfrutaba del entonces novedoso rap*.

Más adelante, con el descubrimiento de diversos géneros musicales, el gusto por el baile se me olvidó por completo. Con el paso de los años, me volví una persona más apática y extraña, pero también más crítica. Dejé los bailes por las guitarras de aire y atrás quedaron los bailables ridículos por el afán de escuchar nuevos grupos, propuestas frescas, la otra cara de la moneda de lo que escuchaban los adolescentes de mi edad. Tampoco seguí la moda de la música electrónica que le tocó vivir a mi generación. Cuestión de gustos y personalidad.

Vaya paradoja, hace algún tiempo, ya de adulto (aunque no de viejo), me nació el gusto por volver a bailar. Aunque algunas personas que me conocen (medio), se quedaron sorprendidas ante los movimientos de mi cuerpo (aclaro, tampoco estuve bailando), lo extraño es que terminé por tomando clases. Los expertos en estas cuestiones dicen que bailar es positivo para el ánimo de uno. Que disminuye los riesgos de sufrir depresión y otros beneficios más. Nos vemos después, Les invito a mover el esqueleto ó tal vez a rockear con guitarras de aire. Cuando menos, al head-banging. Y lo que se les ocurra.

viernes, 20 de marzo de 2009

Los libros que he dejado de leer

En los medios de comunicación siempre se escucha o ve qué libros ha leído uno, como si fuera un concurso de belleza, resultando en una presunción tonta y de mal gusto. Mirando la otra cara de la moneda, ¿quién no recuerda los libros que uno ha dejado de leer? Aquellos que ya sea por pereza, falta de ganas, tiempo y circunstancias, uno mismo abandona su lectura para otra ocasión o en el peor de los casos, simplemente los deja para nunca volver a leerlos. He aquí algunos ejemplos de libros que el autor de este blog jamás terminó y las razones de su truncada finalización:

“Diario de un genio”, de Salvador Dalí. Nunca leí en una obra tanta vanidad, locura, egocentrismo mezcladas con aburrición. El increíble pintor español siempre quiso ser escritor pero en definitiva, esta actividad nunca se le dio. Leer a alguien tan centrado en su persona y fama como Dalí escribiendo su diario, es tan divertido como ver la programación de tu ventilador. No leí la mitad y lo devolví a la biblioteca. Un libro que muestra lo extraño que era (“de pequeño, quería ser cocinera...” narraba en uno de sus párrafos), o tal vez charlatanería propia (hay otra parte donde fantasea con las carnes de Hitler), definitivamente sólo vale la pena revisar su obra como pintor.

“El señor de las moscas” de William Golding. Una obra similar a la historia de “náufrago”, “la Isla de Gilliam” o la serie “Lost”, sin embargo la principal diferencia era que los individuos perdidos eran niños tratando de sobrevivir en una isla. No recuerdo porque lo dejé de leer, intenté retomarlo varias veces hasta que por una razón que no recuerdo, devolví el libro y busqué otro.

“La guerra de los mundos”, de H.G. Wells. Un clásico de la literatura de ciencia ficción. Sin embargo, lo tomé prestado para leerlo en unas vacaciones de pascua y aunado a otros libros que tenía en ese momento, aplacé su lectura durante un tiempo…hasta que lo devolví sin haber llegado a la mitad.

“Los versos satánicos”, de Salman Rushdie. Proveniente de uno de los escritores más polémicos y perseguidos por los musulmanes, asocio la lectura de “los versos…”, como un atentado a mi diversión.
Este mamotreto más largo que la muralla china, cuya lectura fue tortuosa, no llegué ni a sus tres cuartas partes. Terriblemente aburrido y excesivamente sobrevalorado, me hizo pensar que Rushdie sirve más como rockstar que como autor, como “figurita” de intelectuales engañabobos que como un autor que valga la pena leer, estrella de medios que se han dedicarlo a lamerle las botas. Rushdie es para mi gusto, uno de los mitos más grandes de la literatura contemporánea. ¿No habrá hecho brujería para obtener tal fama?

“El castillo”, de Franz Kafka. Pese a estar escrito por uno de mis autores favoritos de ficción, a este libro nunca le encontré pies o cabeza. Un par de ocasiones intenté leerlo sin éxito. Nada comparado con las obras maestras que el mismo escritor checo escribió.

martes, 3 de febrero de 2009

Crónicas: una serie de pensamientos desafortunados

Estaba el otro día hablando tranquilamente con mis progenitores cuando mi padre me asaltó con el clásico:

- “Deberías enamorar a fulanita”-

Luego de escuchar una breve descripción muy favorable del porqué debería “enamorar” a fulanita, recordé la razón por las que en esta clase de temas nunca les pido consejos y donde estoy menos interesado de saber su opinión, al mismo tiempo que recordaba lo que hablaba mi hermano acerca de comprar un anillo de compromiso para casarse.

Por consiguiente, a mi torpe cerebro, accedía el pensamiento:

-Oye, chavo ya te estás quedando....-

Entonces, el peso del viejazo caía sobre mis hombros. Cual película cajeta con Jack Black o Will Ferrell como protagonistas, me sentía esa clase de personajes que ellos interpretan. Sí, esos que buscan seguir sus sueños guajiros de ser músico, artista o escritor…pero que siguen viviendo con sus jefes, sin pareja sentimental, cobardes, con el corazón en la mano izquierda y las vísceras llenas de coraje en la derecha.

Por consiguiente, vinieron una serie encadenada de pensamientos mal pex, pero tenía planeado asistir a una reunión donde me encontraría con varios amigos y amigas, la ideología mala onda fue bloqueada…por unas horas. Después, ya estando en mi casa, no podía dormir, imposibilitado de tomar vino tinto desde hace algunos meses (en casos de mi frecuente insomnio dicha bebida resulta muy efectiva), me regresaron esos pensamientos que golpeteaban mi cabeza:

-Hey chavo, te estás haciendo viejo-

-y tú ¿para cuándo?-

O el que me recetan mis tías:
-¿Dónde está tu novia, tus enamoradas? ¿Por qué no me presentas a tu novia?-.


En ese momento no tenía escapatoria. ¿Pastillas para dormir? Nunca las he tomado y ni pensarlo, al igual que el alcohol están entre lo que no puedo ingerir, según el médico. Cual mono de experimento, ahora tenía dolor de cabeza, sueño sin poder dormirme y pesimismo. Los tres combinados, si alguien que lee esto los ha experimentado, resultan letales para el físico de uno. Al final, tras una larga noche, pude dormirme, no sin antes, escribir una serie de cosas, que seguro me mantendrían ocupado el resto de la semana en mis ratos de ocio, cansarían mi cuerpo y mi mente de tal forma que me olvidaría los hechos virulentos del pasado, de mi desánimo actual y me concentraría en asuntos positivos, enérgicos y provechosos del presente.

Una semana después, tomo el cuidado de revisar detalladamente la libreta donde apunté las dichosas propuestas. Más olvidadas que la capacidad actoral de Heath Ledger antes de actuar en Brokeback Mountain y The Dark Knigth, estaban ahí sin haberlas cumplido, y entonces siguen ahí. Tal vez el próximo día de insomnio escribiré otras, sin cumplirlas.

martes, 20 de enero de 2009

Crónicas: Gente que uno vuelve a ver

Que pequeña es la ciudad donde vivo. Lo digo porque en crónicas anteriores mencionaba a diversos personajes que en poco tiempo, me los he vuelto a topar por la calle.

En un post anterior, mencionaba al pervenator. Este esperpento lo encontré en una plaza comiendo comida chatarra acompañado de dos jovencitos. Afortunadamente el "pelota magullada" no me vio. En aquellos momentos, andaba yo acompañado de otra persona, a quien ya le había contado esa historia de la morsa cinéfila (para mayor información, lean el post “trabajos raros” en este blog), y entonces la persona que me acompañaba me dijo: “ese parece depravado”.

Por otra parte, a Gummy Bear lo vi tres veces en una semana y dos en un sólo día. La primera vez que me lo encontré fue en una exposición y venta de cuadros en los bajos del palacio municipal. Más adelante, lo vi en una gasolinera y ese mismo día me lo encontré en un café, donde con toda la familiaridad del mundo el oso de goma me platicaba que era gerente de dicho café.

Hoy mismo me pareció ver a cuatro personas que conozco en el poco tiempo que estuve en el centro de la ciudad. Repito ¡Qué pequeña es la ciudad donde vivo!

martes, 30 de diciembre de 2008

Crónicas: 2008, marchante o marchanta y sandwichón

Saludos a los tres lectores. Los únicos que leen, opinan y creo que se divierten leyendo este blog. Como sea, este fin de año, no pintó nada bien...por segundo año consecutivo no hay grandes motivos para alegrarme. Personalmente, el futuro a corto plazo permanece incierto. Siempre suelo hacer a fines de año, esos conteos de lo mejor del año en filmes que vi, libros que leí y discos que escuché. Sin embargo, el año aún no termina y la verdad casi estoy escribiendo aquí por instinto.

Dudas

¿alguien me podría explicar de donde salió la palabra "marchanta"? ¿qué realmente significa?
las mestizas de la región yucateca siempre pasan por las calles diciendo: "llévelo marchanta, llévelo reina", pero nunca he entendido qué quieren decir con eso. Dentro del mismo renglón gastronómico, ¿Dónde y cuándo se inventó el mentado "sanwichón"? ¿Han escuchado hablar de él?
Hasta donde yo sé, sólo se come en Yucatán. Esta comida consiste en varias capas de pan de sándwich blanco rellenas de crema de queso y entre una capa de pan y otra, hay jamón, cebolla y a veces tomate. He visto otras versiones de este platillo, que en vez de crema de queso, llevan queso philadelphia. Cada navidad tengo que comer dicha comida en la consabida cena navideña.


Gustos culposos

Como seguramente este será el último post del año, no quiero dejarlos con un mal sabor de boca como suelo hacer. Es por ello, que pongo uno de mis gustos culposos del rock argentino de los 80: Virus. Esta banda, fue un ícono del rock argentino, siendo una respuesta a la inminente caida de la dictadura militar argentina. En aquella etapa, muchos jóvenes argentinos fueron llevados a la estúpida guerra de las Malvinas (¿acaso habrá las que no son estúpidas?) y Virus era el soundtrack del naciente éxito del rock argentino. Muy queridos en el país sudamericano, pero casi desconocidos en el gran parte de América Latina, la banda liderada por Federico Moura escalaba hacia una carrera cada vez más ascendente. La desgracia los sorprendió y tras morir de SIDA su vocalista, Virus desaparece dejando huérfano al rock argentino y latinoamericano.
Para esta navidad sigan recordando con sus primos treintañeros los ochenta escuchando a sus timbiriches y recordando el ultrañoño Cachún Cachún, o sufriendo que sus familiares pongan el disco de garibaldi navideño (!horror, lo tuve que aguantar!). Mientras tanto, intentaré cargar el ipod o lo que sea, para recordar a la excelente banda, con la curiosísima y culpígena "Wadu-Wadu".