Abrí el lugar donde guardo los productos de limpieza y checando que es lo que había, me topé con un líquido poco común, extravagante y extraño desde el nombre: el aceite de "mosca". El dichoso jarabe lo había comprado mi mamá cuando apenas era un puberto. En esos años, dos de mis amigos y yo soñábamos con tener más vello en la cara y lo único que se nos ocurría era el misterioso jarabe. De alguna manera, mi mamá lo adquirió en una farmacia y un día me dijo: "Mira lo que te traje", y era el aceite de "mosca". Inmediatamente fui a probarlo, para presumirle a Suárez y Ariel que podía funcionar.
El compuesto fue un fracaso total. El líquido es más grasoso que un boleador de zapatos; mi barba sólo fue desarollándose con el paso del tiempo y a través de rasuradas periódicas (soy casi lampiño).

Hoy lo encontré. A lo mejor me lo vuelvo a poner. Un familiar cercano y de confianza dijo que el lubricante mosquiento le hizo crecer el cabello.
