Nunca he entendido porque una cantante como la “Guzmán” tiene tanto éxito. Falsísima como rockera, pésima cantante, canciones aburridísimas y un largo etcétera, me han hecho pensar que en México cualquier hijo de famoso puede hacerla, por más nulo que sea su talento. A pesar de tener como padre a Enrique Guzmán (un “rockero” ñoño que vive de sus únicos two hit wonders de hace 50 años) y en sus inicios se decía que sonaba más “ruda” que mucha gente, los discos de la hija de Silvia Pinal son de cualquier manera una experiencia tortuosa. Desde hace 20 años muy promocionada como joven, bella y salvaje, sufre de lo mismo que la mayoría de los artistas mexicanos con trayectoria padecen: el mismo sonsonete, acompañado de melosas canciones arguadentosas y ante todo, ni siquiera son divertidas. Además, su visita por estos lares es algo común, cada año viene. ¿Verla? ¡Guácala!
En mi opinión, siempre estará a la sombra de otra, que también es bastante mamila, pero al menos tiene rolas más divertidas: Kenny, olvidada wannabe-cyndi Lauper-mexicana que a diferencia de muchas cantantes rockeras provenientes de décadas pasadas, ella sigue rockeando, aunque no con grandes éxitos y virtuosas composiciones, al menos con pantalones. Por cierto, la Guzmán en un principio fue corista de Kenny: ¡Definitivamente esta vez el alumno no superó al maestro!
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domingo, 7 de diciembre de 2008
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